¿Qué hacer con el peso en Táchira? (I)
¿Qué hacer
con el peso en Táchira? (I)
Respuestas
económicas ante la realidad cambiaria
Cada cierto tiempo, la opinión pública tachirense es
bombardeada por encendidos discursos y propuestas de ocasión que prometen
«sacar del medio» al peso colombiano o resolver el dilema cambiario mediante la
varita mágica del decreto gubernamental o la apertura de taquillas
administrativas. Frente a esta retórica efectista —promovida por
interpretaciones que omiten los fundamentos elementales de la ciencia económica
o que priorizan la inmediatez política antes que el rigor técnico—, se hace
indispensable apelar al rigor conceptual para poner las cosas en su debido
lugar mediante respuestas directas y fundamentadas.
1. ¿Por qué domina el
peso colombiano en Táchira y cuál es el dato de reservas que el discurso
oficial omite?
La presencia abrumadora del peso colombiano en el estado
Táchira no responde a un capricho comercial ni a una conspiración de frontera.
Es, simple y llanamente, la respuesta racional e inevitable de los agentes
económicos ante el colapso de las tres funciones esenciales del bolívar: medio
de pago, unidad de cuenta y reserva de valor. Esta preferencia tiene bases
estructurales: el peso ofrece estabilidad ante la inflación y reduce los costos
de transacción, evitando la pérdida recurrente por el diferencial de tasa (spread)
que sufre quien recibe bolívares y debe reconvertirlos apresuradamente. Por
ello, el peso es la moneda de cuenta de facto, abarcando hoy entre el 62% y el
68% de las transacciones en la entidad.
Ciertas lecturas de coyuntura prefieren obviar un dato
matemático contundente: el dinero no vale por lo que diga una resolución legal,
sino por el respaldo real de la institución que lo emite. En economía, la
«fortaleza» de un signo monetario no se mide por el valor nominal de su unidad,
sino por tres factores: la confianza institucional en sus reservas, la
estabilidad de su poder de compra y su convertibilidad externa. Y en la
frontera, la comparación entre los dos sistemas monetarios es lapidaria:
·
El sistema venezolano: El Banco Central
de Venezuela reporta reservas internacionales totales cercanas a los 10.000
millones de dólares, de las cuales entre el 75% y el 80% corresponden a oro
monetario de baja disponibilidad inmediata, algunos bajo disputa legal o
inmovilizados en el exterior. La liquidez operativa real en caja —las divisas
convertibles (dólares, euros y Derechos Especiales de Giro en el FMI) para
intervenir eficazmente en el mercado— no alcanza los 1.500 millones de dólares.
A pesar de que el BCV aplica una política de intervención cambiaria semanal
inyectando divisas al sistema bancario nacional, la persistente brecha o spread
del 10% al 15% entre el tipo de cambio oficial y el mercado paralelo refleja
una insuficiencia estructural de oferta ante la demanda agregada de cobertura
en moneda dura.
·
El sistema colombiano: El Banco de la
República de Colombia ostenta un stock de reservas internacionales que supera
los 60.000 millones de dólares (netas en alrededor de 57.000 millones),
compuesto en su casi totalidad por activos líquidos de máxima calificación
crediticia (como títulos del Tesoro de EE. UU.) y divisas de libre
convertibilidad, equivalentes a más de siete meses continuos de importaciones
totales. Navegando bajo un régimen de flotación administrada, el precio del
peso se determina libremente en el mercado interbancario (SET-FX) alrededor de
la Tasa Representativa del Mercado, convirtiéndolo en un signo monetario de
alta credibilidad internacional.
Esta asimetría destruye la falacia oficial. En Táchira no
opera la ley de Gresham tradicional, sino su formulación invertida o efecto
Thiers: en economías de alta permeabilidad y con un emisor insolvente, la
moneda fuerte y respaldada (el peso) expulsa intencionalmente a la moneda débil
(el bolívar). El ciudadano tachirense no usa el peso por antipatía patria, sino
para defender el pan de su familia frente al fantasma de la devaluación.
2. ¿Por qué el peso
colombiano circula ampliamente en Táchira, pero no se utiliza ni sirve en
Caracas, Margarita o Barquisimeto?
Otra falacia habitual de los analistas de coyuntura
consiste en descalificar la pesificación andina preguntando por qué no se usa
el peso en el resto del país. La respuesta responde a tres factores teóricos
fundamentales: los costos de transmisión cambiaria, los efectos de red
geográfica y la existencia de un sustituto monetario dominante.
El peso solo funciona como moneda eficiente si existe el
puente geográfico directo. Para un ciudadano en San Cristóbal, el peso
colombiano es una herramienta de alta efectividad porque la cercanía física con
Cúcuta y el Norte de Santander le permite convertir de manera fluida y directa
esos pesos a dólares a través de un mercado cambiario profundo e integrado. El
peso actúa como el vehículo operativo natural para acceder a la divisa fuerte.
Mientras que el acceso al dólar oficial en bolívares está sujeto a la estrecha
liquidez de la intervención semanal del BCV y a las restricciones de la banca
nacional, la cotización peso/dólar en la frontera opera bajo una oferta y
demanda transparente. Esta masa monetaria en pesos permite arbitrar hacia la
divisa norteamericana con una prima de riesgo mucho menor.
En cambio, para un habitante de Caracas, Barquisimeto o
Margarita, la tenencia de pesos colombianos carece por completo de esa ventaja
estratégica debido a tres razones claras:
1.
Pérdida de la canalización al dólar: Al estar
lejos de la franja fronteriza, el caraqueño o el margariteño no dispone de un
mercado cambiario peso/dólar accesible a bajo costo. El peso pierde así su
mayor cualidad transaccional.
2.
Ausencia de circuito transaccional y efectos de red
(network effects): En el centro u oriente del país, la red económica
local no está conectada con el flujo comercial colombiano. Si alguien intenta
pagar un bien en Barquisimeto en pesos, el comercio rechazará el billete o
impondrá un recargo alto por la imposibilidad de reinsertarlo en sus compras.
3.
Quedar atrapado en la iliquidez: Conservar pesos
fuera de la frontera convierte a la moneda en un activo ineficiente, sin
liquidez local y con elevados costos de flete y comisión para salir de él,
puesto que nadie en su entorno inmediato requiere pesos para comerciar.
Por estas razones, el centro y oriente del país adoptaron
directamente al dólar estadounidense (USD) como reserva de valor, eliminando un
paso intermedio de arbitraje (dólar a peso y de peso a bolívar). Solo se
observa una excepción parcial en estados contiguos como Mérida o Trujillo,
donde existe una dinámica mixta en municipios cercanos a la Zona Panamericana,
mientras en sus centros urbanos domina el dólar en efectivo. Pretender comparar
la integración fronteriza con la realidad capitalina evidencia una profunda
ignorancia sobre la logística del dinero físico.
3. ¿Por qué eliminar el
peso en Táchira con un decreto es un absoluto contrasentido económico?
Pretender eliminar la circulación del peso en Táchira
mediante un decreto administrativo es un completo y absoluto absurdo. Las leyes
monetarias no se imponen por decreto, sino por confianza y utilidad
transaccional.
Si el gobierno prohíbe la moneda con la que la gente
protege espontáneamente sus ingresos frente a la inflación, esta no desaparece:
pasa de inmediato a la informalidad y al mercado clandestino. Al actuar en la
clandestinidad, los comerciantes e intermediarios les añaden a los precios el
costo del «riesgo de sanción», lo que ensancha la brecha cambiaria (spread)
y encarece aún más los alimentos y bienes básicos para el consumidor final.
Dada la contigüidad geográfica, la integración histórica y
la porosidad fronteriza con el Norte de Santander, mientras exista intercambio
real de bienes y personas, el peso seguirá entrando y circulando por la simple
ley de la oferta y la demanda.
4. ¿Las casas de cambio
en suelo venezolano son la solución para «frenar» al peso?
Proponer la creación de casas de cambio como «solución» en
Táchira es ignorar la teoría monetaria elemental y confundir un síntoma con la causa
raíz. Una casa de cambio no es una entidad creadora de liquidez ni de confianza
monetaria; es un simple intermediario financiero. Pretender resolver una crisis
de liquidez y solvencia abriendo más taquillas sin corregir el déficit de
reservas ni el colapso del bolívar es una inconsistencia teórica de fondo.
De instalarse casas de cambio bajo las condiciones
actuales, ocurrirían tres ineficiencias estructurales e inmediatas:
1.
Agotamiento inmediato de divisas: Dada la
desconfianza en el bolívar y la escasez de liquidez operativa en caja del BCV,
la demanda por comprar divisas superaría abrumadoramente a la oferta, agotando
los saldos de la taquilla en cuestión de horas.
2.
Aparición de un nuevo diferencial cambiario (spread
especulativo): Si la casa de cambio aplica una tasa oficial fijada
administrativamente que no refleje la escasez real, se creará de inmediato un
mercado paralelo en el entorno del propio establecimiento.
3.
Incapacidad para competir con la frontera:
Ninguna red burocrática local llena de trámites y demoras puede competir con la
fluidez, profundidad y convertibilidad inmediata peso-dólar del mercado de
Cúcuta.
¿A quién favorece realmente esta propuesta? Lejos de ayudar
al trabajador o al productor, esta medida solo beneficia a los intermediarios
financieros asignados que capturen las licencias o adjudicaciones
preferenciales de divisas para lucro del spread, y a posturas efectistas
que buscan proyectar una falsa sensación de control sin asumir el costo del
ajuste macroeconómico sobre la emisión monetaria.
Próximamente / Segunda entrega:
En nuestra
siguiente entrega, completaremos este riguroso análisis abordando las
interrogantes clave sobre el drama social, el mito de la dolarización y las
soluciones de fondo para el país:
·
El drama humano y la triangulación cambiaria: ¿por qué la distorsión cambiaria
castiga a educadores, empleados públicos, jubilados y pensionados, y cuál es la
correlación matemática entre el mercado fronterizo y los marcadores del dólar?
·
La falacia de la dolarización por decreto: ¿por qué declarar el dólar como
moneda oficial sin reservas operativas ni reformas integrales mantendría a los
trabajadores en el mismo nivel de indigencia salarial?
·
Manejo práctico frente a la dolarización de facto: ¿cómo administra en la realidad el
tachirense el presupuesto operativo en pesos, la cobertura de ahorro en dólares
y el uso puntual del bolívar?
·
Los cuatro pilares para la estabilidad y el desarrollo: ¿qué debe hacerse realmente para
recuperar la renta petrolera, reconocer el valor real del trabajo, cumplir con
el artículo 91 constitucional y ejecutar el Plan Integral de Reconstrucción
Universitaria (PIRU)?
¡Al
final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará!
Invitación al conversatorio:
Como espacio de extensión y diálogo social derivado de la
labor docente e investigativa en el marco del cierre de la unidad curricular Economía
(secciones 03 y 04 del Lapso Intensivo 2026-2 de la UNET), el próximo jueves 15 de octubre de 2026 se
llevará a cabo el conversatorio académico: «¿Qué hacer con el peso en
Táchira? Respuestas económicas ante la realidad cambiaria». La actividad
estará abierta a la comunidad universitaria y a la ciudadanía en general.
Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
Expresidente de APUNET
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y
de la felicidad verdadera»
pedromoralesrodriguez@gmail.com | WhatsApp: + 58
416 8735028

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