Apocalipsis ahora: el caso venezolano (I)
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El libro del Apocalipsis ha sido, durante siglos, la obra
más incomprendida y evadida de la historia
La palabra griega original apokalupsis no alude a un fin del mundo anárquico ni
a un castigo caprichoso
En este marco, la realidad venezolana se asume aquí no como
un fenómeno aislado o contingente, sino como el estudio de caso prototípico y
el laboratorio empírico por excelencia para contrastar de forma concreta cómo
las leyes universales de la Revelación se manifiestan en la historia presente.
Lo que hoy la ciencia de frontera intenta explicar
desde la geofísica, la economía o la sociología, la teología sagrada ya lo
tenía codificado en la estructura del Apocalipsis. El texto sagrado anticipó de
forma asombrosa las leyes de la termodinámica de la conciencia, la entropía
social y la heliofísica. Lo que la física define como el decaimiento de la
coherencia y la acumulación de fricción en un sistema cerrado, la Revelación lo
desnudó desde su raíz ontológica como el pecado y el alejamiento deliberado del
orden de Dios.
Este fenómeno espiritual es el que,
desde nuestro Modelo teórico de desarrollo integral desde la perspectiva axiológica y espiritual,
identificamos de forma equivalente con el impacto de las «bajas vibraciones»
del ser humano: la soberbia de la autorreferencialidad (filautia), el engaño, la corrupción, el chantaje y
la iniquidad social y económica. Esta acumulación de energía entrópica termina
destruyendo las bases de la convivencia, fracturando las instituciones y
rompiendo el escudo sutil del territorio hasta desatar la purga inevitable del
planeta.
La urdimbre del despojo: la secuencia lógica de los
sellos y el ahogamiento de los pueblos
Al adentrarnos en la arquitectura del Apocalipsis, la
apertura del septenario de los sellos
en el capítulo 6 se revela no como una suma aleatoria de eventos, sino
como una demostración pedagógica de una secuencia lógica e inexorable
El
primer sello (Apocalipsis 6, 1-2)
muestra la irrupción del primer jinete
sobre el caballo blanco, la ambición de dominio y la hegemonía
imperialista
Venezuela, por su posición geográfica estratégica y
sus inmensas reservas de petróleo, minerales y agua, ha sido blanco de una
codicia que busca amputar su soberanía, tratándola en la práctica como un
territorio tutelado o una colonia energética
Esta pretensión de dominio desencadena inmediatamente
la dinámica del segundo sello (Apocalipsis
6, 3-4): el segundo jinete sobre
el caballo bermejo o rojo, la violencia, el quiebre de la paz y la
fragmentación social
Este caballo bermejo encarna la pugna histórica y
encarnizada entre bloques ideológicos y potencias de distinto signo —tanto las
vertientes del capitalismo voraz como los modelos del socialismo y comunismo
autoritario—. Detrás del ropaje doctrinal y del discurso polarizador, ambas
corrientes convergen en el mismo materialismo deshumanizante: utilizar a
Venezuela como un tablero de enfrentamiento geopolítico para capturar sus
recursos estratégicos y fortalecer sus respectivas esferas de poder
En la historia humana, esta acción maquiavélica
responde a una manifestación atávica de mezquindad, envidia y baja vibración: a
las potencias no les interesa bajo ningún concepto que un país con el inmenso
potencial de Venezuela se desarrolle, crezca e industrialice, pues una nación
próspera y soberana representaría una competencia directa y una amenaza a sus
intereses particulares de hegemonía
Es precisamente como consecuencia de este
enfrentamiento fratricida y de la desestabilización promovida por los intereses
de bando y bando que se perpetra el despojo del capital intelectual de la
patria: un éxodo masivo de más de ocho millones de ciudadanos, mediante el cual
las potencias del mundo —y, de manera
indirecta, diversos países receptores— se han llevado a una porción
significativa de los jóvenes talentosos, los intelectuales y los profesionales
de más alta formación, amputándole a la nación su cerebro y su capacidad de
desarrollo soberano.
Es sobre este terreno devastado por el conflicto y la
fuga de talento donde el tercer sello (Apocalipsis 6, 5-6) instala su peso más
temible y cotidiano: el tercer jinete sobre el caballo negro, que sostiene la
balanza en la mano. A través de la proclama profética: «Dos libras de trigo por
un denario, y seis libras de cebada por un denario; pero no dañes el aceite ni
el vino» (Apocalipsis 6, 6), la Revelación condensa lo que en nuestro análisis
traducimos como el encarecimiento extremo de la comida, donde, en la mayoría de
los casos, el ingreso de toda una jornada ni siquiera alcanza para comprar el
pan de la subsistencia.
Aquí el Apocalipsis le habla directamente al venezolano de
a pie
Asimismo, la orden de «no dañar el
aceite ni el vino» encierra una doble revelación profunda. En el plano
terrenal, expone la asimetría del modelo utilitarista: mientras la comida
básica del pueblo se encarece hasta volverse inalcanzable, los negocios de
especulación financiera, los privilegios y los consumos suntuarios de las élites
inicuas permanecen intactos y sin tocar. Pero en el plano espiritual e
intelectual, representa la reserva inexpugnable del Ser: la baja vibración
puede asfixiar el bolsillo del ciudadano, pero es incapaz de contaminar la
unción del Espíritu (el aceite), la luz de la fe viva (el vino) y la dignidad
moral del pueblo consciente.
La consecuencia final de este engranaje de ambición,
violencia y asfixia económica se manifiesta en el cuarto sello (Apocalipsis 6, 7-8): el cuarto jinete sobre el caballo amarillo o
pálido, cuyo nombre es Muerte y a quien sigue el Infierno (Apocalipsis 6, 8),
multiplicando la devaluación biológica
El Apocalipsis explica que el estrangulamiento
socioeconómico no es neutro; provoca un exceso de mortalidad evitable, arrebata
la protección a los adultos mayores y jubilados, y compromete de forma trágica
el desarrollo físico y cognitivo de la infancia
En síntesis, esta secuencia lógica de los cuatro
jinetes expone la estrategia más maquiavélica y de más baja vibración del poder
imperialista: el objetivo fundamental jamás ha sido la paz, la democracia ni el
bienestar del pueblo venezolano, sino el apoderamiento absoluto de sus riquezas
materiales e intelectuales
Para las potencias dominantes, un país próspero,
soberano y en pleno desarrollo industrial y científico representa una amenaza
directa a su hegemonía; por ende, les resulta geopolíticamente conveniente
mantener a la nación sumida en el estancamiento, la vulnerabilidad y la
dependencia
La preservación de
la conciencia y el refugio del Resto Fiel (Apocalipsis 7)
Frente a este escenario de aparente desolación
—aparente porque, aunque la crisis abruma en lo material, la ruina terrenal no
tiene la última palabra ni logra doblegar el alma de la patria—, el capítulo 7 (Apocalipsis 7, 1-3)
introduce una pausa de profunda esperanza ontológica. Cuando el texto sagrado
describe a «cuatro ángeles que detienen
los cuatro vientos de la tierra» (Apocalipsis 7, 1), representa la
contención del colapso y el freno a la entropía destructiva: un respiro divino
para que el mal no arrase con la reserva moral de la nación.
Esta pausa tiene como fin marcar con el sello del Dios vivo la frente
de sus siervos (Apocalipsis 7, 2-3), que en nuestro análisis es la
preservación del centro de la conciencia, el pensamiento superior y la dignidad
humana. Este sello se encarna en la inmensa mayoría de la fuerza laboral y
social venezolana que se ha negado a caer en las bajas vibraciones de la
corrupción, el engaño y la degradación ética. Es la reserva moral que sostiene
al país: la totalidad de los integrantes del sistema educativo nacional
—docentes, personal administrativo y obreros desde la educación inicial hasta
la universitaria—, los estudiantes de todos los niveles que perseveran con la
ilusión de formarse para el futuro, los trabajadores de la salud, los
productores del campo, los profesionales, técnicos y trabajadores de todos los
sectores, junto a las familias de profunda fe en Jesucristo y la Virgen María
que, con inquebrantable dignidad, mantienen vivo el tejido social y creen en el
destino de grandeza de la patria.
Es sobre esta reserva ciudadana donde
el texto revela el sellado de los 144.000
(Apocalipsis 7, 4) y la multitud vestida de ropas blancas (Apocalipsis 7, 9). Lejos de ser un número
literal o un cupo exclusivo, esta cifra simétrica simboliza la totalidad
inexpugnable del «Resto Fiel»:
aquellos millones de hombres y mujeres que han «lavado sus ropas en la sangre del Cordero» (Apocalipsis 7, 14),
sobreponiéndose a la humillación y al dolor para mantener intacta su fe, su
reserva espiritual y su convicción firme de que Venezuela es una nación bendita
destinada a florecer.
Un umbral abierto hacia la conmoción de la materia
Hasta aquí, el desglose de los sellos
nos ha revelado la urdimbre de las intenciones humanas, el ahogamiento
económico y las tramas de la geopolítica sobre el cuerpo social. Sin embargo,
la revelación del Apocalipsis no se detiene en la descripción de las
estructuras terrenales.
En nuestra próxima entrega, cruzaremos
el umbral hacia el septenario de las
trompetas y las copas (capítulos 8 al 16): la dimensión donde la
acumulación del desorden moral humano rompe los límites de la sociedad e
impacta directamente en la física del planeta. Analizaremos cómo el átomo y la
materia responden a la baja vibración, la sobrecarga electromagnética del Ciclo
Solar 25, la aceleración de los sismos y desastres telúricos, la anatomía
tecnocrática de la Bestia y el colapso repentino de la gran Babilonia. La
verdad apenas comienza a desnudarse.
Al final, el Inmaculado Corazón de la
Santísima Virgen María triunfará.
Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
«Salve María Auxiliadora, economía de la
salvación y de la felicidad verdadera»
pedromoralesrodriguez@gmail.com
| pmoral@unet.edu.ve
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