¿Qué hacer con el peso en Táchira? (III)
¿Qué hacer
con el peso en Táchira? (III)
Respuestas
económicas ante la realidad cambiaria
En las entregas anteriores de esta serie, demostramos que
la presencia abrumadora del peso colombiano en Táchira no responde a un
capricho comercial ni a un decreto, sino a una asimetría estructural de
reservas operativas entre el Banco Central de Venezuela y el Banco de la
República de Colombia, donde el peso actúa como un vehículo operativo eficiente
para acceder a la estabilidad del dólar. Analizamos también cómo la distorsión
cambiaria castiga injustamente al trabajador que recibe sus ingresos en bolívares,
demostrando que una dolarización por decreto —sin reservas en caja ni reformas
de fondo— mantendría a la población en la misma indigencia salarial. En esta
tercera entrega, abordamos la respuesta de fondo: no habrá estabilidad
monetaria ni solución al dilema del peso en la frontera sin rescatar el valor
real del trabajo, restituir el salario constitucional y ejecutar una
reconstrucción educativa de alcance nacional.
7. Frente a la
pretensión de eliminar el peso o decretar la dolarización, ¿qué debe hacerse
realmente en la práctica para que la estabilidad monetaria sea factible en el
país sin sacrificar el tejido humano?
7.1. Reconocimiento del valor real del trabajo frente al
dogma ortodoxo de la productividad: La estabilización no se puede construir
sobre el sesgo de la ortodoxia económica tradicional, la cual pretende
justificar remuneraciones de extrema precariedad bajo el dogma de que todo
ajuste salarial genera inflación y que solo se debe remunerar la productividad
previamente medida.
En Venezuela, la destrucción del tejido humano y del
aparato productivo no es un hecho fortuito ni reciente; es el resultado
acumulativo de un proceso de larga data que abarca todo este siglo, derivado de
las incoherencias y distorsiones acumuladas de una política económica estatista
e incoherente —promovida bajo las premisas del denominado socialismo del siglo
XXI—, posteriormente agravada por el impacto de las sanciones y tornada trágica
en el período pospandemia. Sostener salarios de base desvalorizados no detuvo
la distorsión de precios; por el contrario, terminó de asfixiar la vida del
trabajador
En este escenario, la fuerza laboral venezolana —desde la
comunidad laboral universitaria y el médico hasta el obrero y el trabajador de
oficio— actúa como auténticos héroes de la resiliencia moral y productiva: sin
recibir remuneraciones dignas y enfrentando una dolarización de facto que
indexa diariamente todos los costos de la vida, son quienes mantienen vivas las
instituciones, los servicios y las empresas del país. Esta altísima capacidad
humana y técnica queda demostrada no solo en la resistencia de quienes han
permanecido firmes en el país, sino en la extraordinaria inserción
internacional de millones de venezolanos en los mercados más exigentes del
mundo, así como en el valor de aquellos profesionales y técnicos que, tras
emigrar, han decidido retornar a la patria para seguir aportando su talento.
El venezolano no carece de formación, disciplina ni
destreza productiva. La penuria salarial no es la consecuencia de una baja
productividad del trabajador, sino el resultado directo de la depreciación
institucional del capital humano y del despojo de la renta nacional. Pretender
que el factor trabajo siga pagando el costo del ajuste es una falacia teórica e
inequidad social que destruye cualquier plan de estabilización genuino.
7.2. Restitución del salario mínimo vital y rescate del
tejido humano como motor de desarrollo: Los ingresos petroleros recuperados
deben canalizarse prioritariamente a la reconstrucción del poder adquisitivo
real, restituyendo la garantía normativa del salario mínimo vital e indexado al
costo de la canasta básica familiar —comprendida no solo como la nutrición
esencial, sino en su dimensión constitucional integral que abarca salud,
vivienda, educación, transporte, vestimenta y bienestar digno—, junto a las
correspondientes escalas profesionales, en estricto cumplimiento del artículo
91 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. La riqueza del
subsuelo debe ponerse al servicio del presupuesto público para devolverle la
dignidad al trabajador e invertir en educación, salud, infraestructura y
servicios básicos, extirpando el deterioro ocasionado por el arbitraje político
y la especulación financiera.
Desde la ciencia económica, dinamizar el salario no es un
gasto a fondo perdido, sino la inversión estratégica de mayor impacto
macroeconómico. Elevar el poder adquisitivo del factor trabajo desencadena de
inmediato un efecto multiplicador virtuoso en la economía real: reactiva la
demanda agregada interna, estimula las ventas del comercio local, impulsa la
producción de la industria y el campo nacional, expande la base tributaria
soberana y genera empleo formal sostenible. Restituir el salario es encender
nuevamente el motor del mercado interno y devolverle la viabilidad al tejido
productivo del país.
Así como la historia registra cómo las naciones europeas
devastadas tras la Segunda Guerra Mundial lograron erigirse como potencias
gracias a la hidalguía de su gente y al impulso del Plan Marshall, Venezuela
cuenta con un activo infinitamente superior: una resiliencia moral y productiva
comprobada en sus trabajadores, sumada a las inmensas riquezas naturales de una
auténtica tierra de gracia. Si a esa fuerza laboral de excelencia se le
restituye su salario constitucional y se le brindan las condiciones mínimas
para crear, el país no solo superará el estrangulamiento actual, sino que
desplegará de inmediato su inmenso potencial para consolidarse como una nación
próspera y soberana que nada tiene que envidiarle a ninguna potencia del mundo.
7.3. Garantías jurídicas permanentes, crédito productivo
y Plan Integral de Reconstrucción Universitaria (PIRU): La atracción de
inversiones a gran escala no se logra con arreglos de excepción ni con
concesiones de corto alcance al margen de la Constitución. Se requiere un
entorno de certidumbre institucional que autorice a la banca nacional a
intermediar créditos en divisas para reactivar los sectores agropecuario,
industrial y comercial. Sin embargo, no hay viabilidad económica ni desarrollo
duradero sin la reactivación urgente de la educación superior.
El Estado debe priorizar un Plan Integral de Reconstrucción
Universitaria (PIRU) que recupere la planta física e inyecte con rigor el
presupuesto de sueldos, salarios y previsión social, el presupuesto de
inversión en infraestructura, el gasto de funcionamiento operativo y los
presupuestos académicos indispensables para fortalecer la investigación, la
extensión y la formación permanente, garantizando la atención justa a toda la
comunidad universitaria: docentes, personal administrativo y obrero.
Es urgente corregir la tendencia institucional de
presupuestar de forma deficiente a las universidades tradicionales y autónomas
—las mismas que han formado a las promociones de profesionales de excelencia
que hoy impulsan al país— para dispersar recursos en la creación de
instituciones paralelas por meros fines ideológicos y político-partidistas.
Por su naturaleza sistémica, las metas del PIRU deben
extenderse a la totalidad del sistema educativo nacional —abarcando la
restauración física y el apoyo docente en escuelas y liceos—, entendiendo que
la calidad universitaria depende de la solidez con la que se prepare a las
nuevas generaciones. La verdadera estabilidad no se importa ni se decreta; se
alcanza garantizando que la riqueza producida por el trabajo y el suelo
venezolano permanezca en la patria para dignificar la vida del pueblo,
financiar a sus sectores productivos y ejecutar una reconstrucción
universitaria y educativa de alcance nacional.
Es momento de superar los enfoques efectistas y los
planteamientos de coyuntura que prometen soluciones inmediatas sin asidero
macroeconómico. La economía exige rigor científico, pero sobre todo ética
pública y justicia social: no habrá estabilidad monetaria ni prosperidad en
nuestra frontera mientras los recursos de la patria permanezcan secuestrados en
el extranjero y la fuerza laboral continúe pagando el costo de un modelo de
desposesión e inequidad.
Invitación al foro académico:
Con el propósito de analizar con rigor conceptual y desde
la perspectiva de la economía humana la dinámica monetaria de nuestra región,
la Universidad de Los Andes (ULA) Núcleo Táchira, a través del Vicerrectorado
Decanato, invita a la comunidad universitaria y a la sociedad en general al
foro académico «¿Qué hacer con el peso en Táchira? Respuestas económicas
ante la realidad cambiaria».
Esta actividad se llevará a cabo de manera completamente
gratuita para promover el encuentro, la reflexión técnica y la articulación
entre la universidad y la comunidad.
La jornada se celebrará el próximo jueves 15 de octubre de 2026, a las 9:30 a. m., en el Salón de
Usos Múltiples de la institución.
¡Al
final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará!
Dr. Omar Pérez Díaz
Profesor Titular ULA | Decano Vicerrector de la ULA
Táchira
oapd55@gmail.com | Instagram: @ulatachira.reporta
Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
Expresidente de APUNET
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y
de la felicidad verdadera»
pedromoralesrodriguez@gmail.com | Instagram:
@tipseconomic
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