La victoria del alma de la ULA Táchira desde la razón, la cercanía y la esperanza
La
victoria del alma de la ULA Táchira desde la razón, la cercanía y la esperanza
En la continuidad del
proceso de renovación institucional de la Universidad de los Andes, y ante la
proximidad de la jornada electoral del 11 de noviembre —llamada a orientar los
destinos generales de nuestra alma máter y definir el rumbo estratégico del
Núcleo Táchira—, resulta fundamental ratificar el compromiso histórico de la
academia con el saber, la autonomía y la excelencia. En este marco de
trascendencia democrática, el Dr. Omar Pérez Díaz, educador, ciudadano y
candidato a vicerrector decano, presenta la segunda parte de su «Manifiesto por
la verdad, la dignidad y el porvenir de la ULA Táchira»: una declaración de fe
en el porvenir articulada desde la razón, la templanza y la cercanía universitaria,
concebida para convocar a la unidad profunda y a la victoria del alma
universitaria. Un mensaje que suscribimos con absoluta convicción
institucional.
Compañeras y compañeros de esta casa entrañable; obreros
que con sus manos sostienen la dignidad de cada rincón, estudiantes que son el
latido vivo y la razón de existir de nuestras aulas, profesores y empleados que
con coraje y devoción no han dejado apagar la luz del saber:
Si en la primera etapa de este camino afirmamos con voz
firme el compromiso sagrado de mantener las puertas abiertas y defender el
honor institucional en medio de la tormenta, hoy los convoco a mirar juntos el
horizonte. La reconstrucción de nuestra querida universidad no se logra con
promesas frías ni con discursos lejanos; se edifica desde el corazón, con el
trabajo diario, con la escucha atenta y con una fe inquebrantable en lo que
somos capaces de lograr cuando caminamos juntos hacia la excelencia.
Gobernar esta universidad no es mandar ni mirar desde la
distancia de un escritorio; es servir, es abrazar y es caminar al lado de cada
uno de ustedes. Por eso, el primer paso de nuestra victoria es el gobierno de nuestra propia fuerza interior.
Aprendimos a distinguir con serenidad lo que no depende de nosotros de aquello
que sí está en nuestras manos. No vamos a malgastar un solo segundo en el
lamento estéril o en la queja que paraliza. Toda nuestra energía, nuestro amor
y nuestra inteligencia están concentrados en lo que sí podemos transformar: en
la calidez de nuestras aulas, en la transparencia de nuestro trabajo, en la
mano extendida al compañero y en la defensa apasionada de nuestro derecho a
pensar en libertad. Ninguna palabra destructiva, ninguna dificultad material
tiene el poder de doblegar el alma de quien sabe que su causa es justa y noble.
Esa misma paz interior nos pide actuar con una sabiduría reflexiva y profunda en cada
decisión. Desterramos la prisa, la rabia y las respuestas alocadas que
nacen al calor de los momentos difíciles. Cuando la tormenta ruge, la verdadera
valentía no es gritar más fuerte, sino hacer una pausa, respirar juntos y
permitir que la razón y la justicia guíen nuestros pasos. Las grandes obras de
la vida y de la educación no se improvisan con apasionamiento ciego; se
construyen con la pausa consciente que nos protege del error y nos asegura que
cada paso que demos sea firme, seguro y duradero.
En la administración de los recursos y en el cuidado de la
confianza que ustedes nos otorgan, asumimos con rigor un principio de protección y resguardo
fundamental. Ante la escasez y las limitaciones que todos sufrimos en
carne propia, cada esfuerzo y cada proyecto debe tener una reserva de seguridad
que garantice que no se derrumbará ante el primer obstáculo. Cuidamos el valor
real de nuestra gente y de nuestra planta física por encima de las apariencias
o de las promesas del momento. La transparencia en el manejo de lo que es de todos
y la prudencia al actuar no son simples normas de papel; son la muestra más
pura de respeto y amor hacia nuestro núcleo y hacia su futuro.
Comprendemos con emoción que esta universidad es una hermosa obra colectiva nacida de la fe mutua.
Nuestra casa de estudios no es solo un conjunto de edificios o de trámites; es
un pacto de familia, un espacio sagrado donde todos —sin importar la labor que
desempeñemos— somos indispensables y valiosos. Rechazamos de plano la soberbia
que excluye o los dogmas que dividen. Esta universidad es y seguirá siendo una
casa de puertas abiertas, un mar de libertad donde caben todas las ideas
nobles, donde se escucha con respeto al que piensa diferente y donde la
diversidad nos fortalece como comunidad viva.
Nos alzamos con firmeza y serenidad moral frente a la
estridencia de quienes, al quedarse sin proyectos y sin argumentos, pretenden
sustituir el debate de ideas por la difamación, la intolerancia y el desprecio
hacia la dignidad de las personas. Rechazamos de manera contundente la trampa
de la antipolítica y esa estrategia de odio que busca abrir cajas de Pandora
para sembrar polarización, resentimiento y desintegración en nuestro templo del
saber. Ante el intento de perseguir, intimidar o descalificar a cualquier
estudiante, profesor, empleado, obrero o jubilado por el noble hecho de
defender una causa o pensar diferente, proclamamos nuestro abrazo fraterno y
una solidaridad innegociable: jamás los dejaremos solos. El patrimonio moral de
nuestra universidad es sagrado y permanecerá inexpugnable ante la insidia de la
coyuntura.
Entendemos que la contienda universitaria es la reserva
ética y el espejo en el que debe mirarse la nación. Exigimos una confrontación
de altura académica donde la única victoria legítima sea la del argumento
riguroso, la propuesta realizable y la elegancia del discurso sobre la argucia
o la bajeza de la contienda política. Esta casa que vence las sombras no es un
recinto aislado del dolor ni de las esperanzas de nuestra patria; es el faro
del pensamiento crítico llamado a acompañar con hidalguía las transformaciones
profundas que Venezuela exige para el rescate pleno de la democracia, la
libertad y la justicia. Desde el Táchira, con la verdad por delante y el alma
encendida, reafirmamos que la universidad es y seguirá siendo el motor
invencible de la luz, el progreso y la reconstrucción nacional.
Finalmente, reafirmamos que el verdadero liderazgo es el
que se viste de humildad, cercanía y
espíritu de servicio. Quien sirve a la universidad debe hablar con la
verdad por delante, con la palabra sobria y la mirada transparente, cuidando
siempre la dignidad de la institución que nos cobija. Aquietamos el ego y las
vanidades personales, porque no hay triunfo individual que valga la pena si no
significa la alegría, el bienestar y el progreso de toda nuestra gente.
Comprendemos los dolores, las fatigas y los sueños de cada trabajador, de cada
muchacho que viene a estudiar con esfuerzo, y ponemos el corazón en hacerles el
camino más justo y luminoso.
Hermanas y hermanos de la Universidad de los Andes: no nos
mueve la ambición de un cargo, nos mueve la vocación profunda de servirles. Con
la frente en alto, con el espíritu encendido, con la administración limpia y
con la mano tendida hacia el compañero, sigamos demostrando de qué estamos
hechos. ¡Sigamos juntos, manteniendo las aulas abiertas, los corazones unidos y
la esperanza victoriosa hacia el porvenir!
¡Viva la Universidad de los Andes!
¡Viva la comunidad universitaria del Táchira!
«Al final,
el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará».
Dr. Omar Pérez Díaz
Profesor Titular ULA | Decano Vicerrector de la ULA
Táchira
oapd55@gmail.com | Instagram: @ulatachira.reporta
Pedro Morales
Economista ULA. Profesor Titular ULA – UNET.
Expresidente de APUNET
«Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y
de la felicidad verdadera»
pedromoralesrodriguez@gmail.com | Instagram:
@tipseconomic

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