Recuerdo como hoy, una conversación que en una oportunidad, tuvo mi madre con una prima, la cual “servía en una casa”. Así llamaban en esa época a las personas que trabajan como mujeres de servicio en casas de familias ricas. Ella le estaba contando a mi madre sobre las infidelidades del hombre de la casa, y como él consumía alcohol casi todas las noches, humillando a las personas que trabajaban en la casa. Mientras le decía esto, comenzó a llorar y le comentó que “el patrón” medio borracho, una noche trato de abusar de ella, argumentándole que a cambio de sus favores, podría darle muchas cosas y bienestar. Mi madre le dijo: “no llores mujer, es un pobre hombre”. “No, Benita, él tiene muchísimo dinero”, a lo que mi madre le respondió: “es tan pobre, que lo único que tiene es dinero”. Esta conversación que escuché, me marcó; y con el tiempo entendí que el dinero puede ser un buen siervo, pero es un pésimo amo, y que la principal diferencia entre los hombres, muy al contrario de lo ...