Confirmada las elecciones en la ULA
La vocación bienaventurada y la excelencia del servicio universitario
El futuro de la educación superior y el bienestar de nuestras comunidades se alimentan de la esperanza activa y del trabajo coordinado entre todos los sectores. Al contemplar los avances hacia la realización de los procesos electorales en la Universidad de los Andes, presenciamos cómo la disposición al diálogo constructivo y el consenso abren horizontes de certidumbre para la vida institucional. La reconstrucción de nuestras casas de estudio se consolida cuando profesores, estudiantes, empleados administrativos, obreros, egresados —quienes llevan con orgullo el sello institucional ante el mundo— y las familias que desde el hogar sostienen a la universidad caminan unidos en una sola comunidad de voluntades comprometidas con el bien común (cf. Apocalipsis 7, 9-14).
En la liturgia completa de esta Solemnidad de Todos los Santos (1.º de noviembre), la Palabra de Dios nos traza la ruta hacia la verdadera grandeza y trascendencia institucional. Mientras el Salmo 23 nos recuerda que la bendición reposa sobre quienes caminan con «manos limpias y puro corazón», San Juan (1 Juan 3, 1-3) nos reconforta al afirmar que la esperanza viva purifica y dignifica a los hijos de Dios. Coronando este camino, el Santo Evangelio (Mateo 5, 1-12a) proclama dichosos a quienes tienen hambre y sed de justicia, a los limpios de corazón y a los que trabajan por la paz. Esta enseñanza evangélica confirma que el liderazgo legítimo y la nobleza del trabajo diario nacen de la pureza de intención, de la capacidad de renovar las estructuras con madurez y de la entrega humilde para servir a los demás con generosidad y rectitud.
Esta Palabra es una serena invitación al examen de conciencia personal y colectivo, llamando a cada corazón a revisar la profundidad de sus motivaciones y el alcance de sus actos. La luz de las Escrituras inspira a todos los actores de la vida académica a abrazar la virtud, superar la apatía y renovar la vocación de servicio con rectitud impecable. En la mirada sincera hacia el Evangelio, cada ciudadano universitario encuentra el impulso interior para ser testimonio vivo de concordia (cf. Salmo 23; 1 Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12a), entendiendo que la serenidad del espíritu, la oportunidad de las decisiones y la búsqueda incansable del bien supremo son el único camino fecundo para honrar el legado de la institución y asegurar un porvenir bendecido para nuestra alma máter.
Al final, el Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María triunfará.
¡Gloria a Dios!
¡Salve María Auxiliadora, economía de la salvación y de la felicidad verdadera!
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